lunes, 10 de agosto de 2015
lunes, 3 de agosto de 2015
WERNHER VON BRAUN
Hijo de un barón, Von Braun, estudió en
Zurich, Suiza, y en Berlín. Obtuvo su doctorado en 1934 en la Universidad de
Berlín. Cuando todavía era un adolescente, Von Braun había empezado a
interesarse por los cohetes a través de sus lecturas de ciencia-ficción y en
1930 se unió a un grupo de entusiastas alemanes que estaban realizando
experimentos con cohetes. Se lanzaron unos 85 cohetes, uno de los cuales
alcanzó una altitud de unos 3 kilómetros. En 1932 el ejército alemán se hizo
cargo del programa. Hitler subió al poder al año siguiente y para el año 1936
se estaba construyendo se estaba construyendo un centro de investigación de
cohetes en Peenemünde, en el Báltico.
En 1938 se construyó un cohete con una
radio de acción de 20 kilómetros, que resultó de una importancia vital en los
siguientes años, algo más tarde estalló la Segunda Guerra Mundial y la ciencia
de los cohetes tenía decisivos propósitos militares.
El propio Von Braun entró en el partido
nazi en 1940 y bajo su dirección se disparó el primer misil, ya así
considerado, en 1942, el cual ya llevaba su propio combustible y oxígeno. En
1944 el misil empezó a utilizarse para los combates, aunque afortunadamente era
ya demasiado para que Hitler ganara la guerra. El arma era la famosa V-2 (la V es la inicial de “Vergeltung,
Venganza”). En total se dispararon unas 4300 V-2 durante la guerra y de ellas
unas 1230 cayeron sobre Londres produciendo la muerte de 2500 personas y unos
5900 heridos graves. Podía haber sido mucho peor a no ser por la oposición de
Hitler a la evolución de las V-2 y por sus sospechas sobre Von Braun.
Al final de la guerra, Von Braun y
muchos de sus colegas huyeron hacia el oeste para rendirse a los americanos.
Von Braun fue conducido rápidamente a los Estados Unidos (se hizo ciudadano
americano en 1955) e inmediatamente puso todo su talento al servicio de su
nuevo “patrono”.
Fue el director que consiguió poner en
órbita el primer satélite americano (Explorer I), el 31 de enero de 1958,
después de cuatro meses de agonía, sufrimiento y desesperación a causa del
lanzamiento del Sputnik. Quizá este primer satélite se hubiera lanzado antes
que los Sputniks si se le hubiera dado el empuje suficiente, pero la política
americana del gobierno de Eisenhower obstaculizó el proyecto al igual que la
política alemana del régimen de Hitler había puesto trabas al mismo.
Por fortuna para la carrera espacial
americana y en general para toda la humanidad, y para el propio Von Braun, todo
sufrió un brusco giro con la llegada de Kennedy y el empuje de la
administración a los proyectos espaciales especialmente el Apolo.
lunes, 27 de julio de 2015
FRIEDRICH WILHELM OSTWALD
Nobel Química-1909
Ostwald nació y se
educó en las provincias bálticas del Imperio Ruso, donde las clases
predominantes eran descendientes de emigrantes alemanes que se habían
trasladado allí en busca de nuevas oportunidades. Ostwald estudió en la
Universidad de Dorpat, Estonia, donde se interesó en el trabajo de
termodinámica de Thomsen.
Al principio estudió otras propiedades
químicas de las sustancias y obtuvo por ello su doctorado en 1878. Lo nombraron
profesor de química en la Universidad de Riga, Letonia, en 1881, pero en 1887
aceptó una cátedra en Leipzig, en donde permaneció hasta el final de sus días.
Se considera a Ostwald como uno de los
fundadores principales de la física-química. Aumento su interés en este campo
al leer la tesis de Arrhenius, cuyos puntos de vista compartían muy pocos, éste
encontró en Ostwald un amigo y una ayuda. Reconoció la importancia del trabajo
de Giggs y lo tradujo al alemán para que se pudiera apreciar y estudiar en la
Europa continental. (La comprensión de Ostwald de la importancia que iba
adquiriendo la investigación americana, le llevo a aceptar la invitación para
conferenciar durante un año en Harvard, como parte de un programa, que empezaba
a desarrollarse, de intercambio entre profesores americanos y alemanes, que era
una clara señal de que los Estados Unidos empezaban a ocupar un lugar
predominante en los ámbitos científicos, fundamentalmente de investigación y
experimentación.)
En 1887, Ostwald en colaboración con su
amigo íntimo Van`t Hoff fundaron la primera revista científica dedicada
exclusivamente a la física-química. El mismo realizó importantes trabajos en
esta rama.
En 1894 preparando el resumen de un artículo de algún
científico, sobre el calor de combustión de los alimentos, para que apareciese
en su revista. No estando de acuerdo con los puntos de vista del autor, se
permitió añadir sus propios comentarios al respecto. Señaló que por las teorías
de Gibbs era necesario suponer que la catálisis aceleraba la reacción sin
alterar la energía de las sustancias. La catálisis se efectuaba rebajando la
energía de activación según el concepto de Arrhenius. Ostwald reconoció que los
iones, que según el postulado de Arrhenius eran átomos cargados eléctricamente,
podían servir como catalizadores. Esto se realizaba en los iones de hidrógeno liberados en la
solución de ácidos, que hacían de catalizadores como el almidón que se
transformaba en glucosa.
Este concepto de catálisis se mantuvo en el tiempo y
fue muy útil en la industria y en las aplicaciones que iban a hacerse muy
pronto en los fenómenos químicos del tejido vivo. (Aun la bioquímica se
inclinaba ante la nueva perspectiva de la química-física. Rubner, por ejemplo,
pasó mucho tiempo midiendo la relación de energía implicada en la actividad
química de los organismos vivos.)
Ostwald se mantuvo firme en su creencia de que la
química debía reducir sus estudios a fenómenos susceptibles de medirse, como
los cambios de energía, en este aspecto fue un admirador de Mach. Creía que la
termodinámica era la faceta central de la química, en cambio se oponía a las
teorías que implicaban asuntos que no se podían medir. Por esa razón se opuso
durante mucho tiempo a admitir la teoría atómica como algo más que un ejercicio
teórico, una ficción conveniente. El análisis de Perrin del fenómeno del
movimiento browniano fue el que lo forzó por fin a admitir que los átomos eran
responsables de un fenómeno claramente visible y que se podía medir.
Recompensaron a Ostwald en 1909 con el premio Nobel de
química por su trabajo sobre la catálisis. Al recibirlo felicitó al comité que
lo entregaba por haber escogido esa parte de su obra que también él creía que
era la mejor.
En los últimos años de su vida escribió sobre ciencia
filosófica, fundando una revista sobre este tema.
lunes, 20 de julio de 2015
ARTHUR HOLLY COMPTON
Nobel
Física-1927
Compton, hijo de un
pastor presbiteriano, se graduó en Wooster College (donde su padre era decano)
en 1913 y obtuvo su doctorado en Princeton en 1916. Durante un año enseñó
física en la Universidad de Minnesota; posteriormente trabajó durante dos años
más como ingeniero para la Westinghouse Lamp Company en Pittsburg. En 1919 pasó
un año en la Universidad de Cambridge, donde estudió bajo la supervisión de
Rutherford. Cuando al año siguiente volvió a los Estados Unidos fue para
convertirse en el jefe del departamento de física de la Universidad de
Washington en St. Louis, Missouri. En 1923 se trasladó a la Universidad de
Chicago.
Compton llevó adelante las
investigaciones de Barkla relacionadas con la dispersión de los rayos X por la
materia. Barkla había sido capaz de indagar la naturaleza de la dispersión de
los rayos X solo muy someramente gracias a la medida de su cantidad de
absorción. Sin embargo, Compton tenía las técnicas de los Bragg a su
disposición y, por tanto, estaba capacitado para medir con precisión las
longitudes de onda de los rayos X que sufrían dispersión.
Cuando llevo a cabo este trabajo,
descubrió en 1923 que algunos de los rayos X habían aumentado su longitud de
onda al sufrir la dispersión. (A este fenómeno se le dio el nombre de Efecto Compton en honor a su
descubridor.) Algunos años más tarde Raman haría un descubrimiento similar en
conexión con la luz visible.
Compton fue capaz de explicar este
último fenómeno estableciendo que un fotón chocaba con un electrón que a su vez
tomaba parte de la energía del fotón, aumentando, en consecuencia, la longitud
de onda del fotón. Esto hacia suponer que el fotón actuaba como una partícula
y, por tanto, después de más de un siglo, la naturaleza corpuscular de la luz,
como había postulado Newton, volvió a considerarse de nuevo. Sin embargo, la
teoría corpuscular de la luz se hizo mucho más complicada, gracias a las
teorías de Planck y Einstein y no destruía los fenómenos ondulatorios
establecidos por los físicos del siglo diecinueve, tales como Young, Fresnel y
Maxwell.
El hecho verdaderamente importante era
que Compton había puesto en evidencia la idea de que la radiación
electromagnética tenía tanto naturaleza ondulatoria como corpuscular, de modo
que el aspecto que se ponía de manifiesto en un momento dado dependía del
examen al que se estuviera sometiendo a dicha radiación. Al mismo tiempo, De
Broglie estaba demostrando que dicha teoría también era cierta al aplicarla a
partículas corrientes tales como los electrones. Esta famosa dualidad
impresionó a algunas personas, que la consideraron como una <paradoja>
que implicaba que el Universo era demasiado misterioso para que la razón humana
pudiera penetrar dentro de sus secretos. Para otras muchas, no veían paradoja y
si cierto misterio por descubrir, la dualidad era un hecho, y aceptaron que
tanto los fotones como los electrones tuvieran más de un aspecto.
Por su descubrimiento del Efecto Compton , Compton recibió el
premio Nobel de física en 1927, compartiéndolo con Wilson.
Hacia el año 1930 Compton desvió su
atención hacia los rayos cósmicos. Millikan, que era el hombre sobresaliente en
aquel campo, creía que los rayos cósmicos tenían naturaleza electromagnética
igual que los rayos gamma, pero que eran incluso más energéticos. Si esto era
así, los rayos cósmicos no deberían sufrir el efecto del campo magnético
terrestre y deberían incidir igualmente sobre todas las porciones de la
superficie terrestre. Si, por otro lado, los rayos cósmicos eran partículas cargadas
deberían sufrir la desviación producida por la acción del campo magnético
terrestre y deberían detectarse en mayor cantidad en las regiones polares a
medida que uno se acerca a los polos magnéticos, y en menor cantidad en las
regiones tropicales.
Compton se dedicó a viajar por el mundo
para llevar a cabo su investigación realizando una serie de medidas exhaustivas
que de mostraron que efectivamente existía un <efecto de latitud>. Por
tanto, los rayos cósmicos eran afectados por el campo magnético y como
consecuencia deberían consistir, por lo menos en parte, en partículas cargadas.
A pesar de que Millikan permanecía
adicto a la idea de que se trataba de una radiación electromagnética, las
investigaciones que se llevaron a cabo posteriormente contribuyeron a reforzar
de manera consistente la idea corpuscular hasta que llegó a no dudarse de ella.
Compton esta relacionado a menudo con
Millikan en cualquier tipo de discusión sobre la investigación de los rayos
cósmicos, y lo mismo que este último, se le consideraba un científico con un
fuerte fervor religioso.
Durante la Segunda Guerra Mundial
Compton fue uno de los científicos más sobresalientes del Proyecto Maniatan,
que dio lugar al desarrollo de la bomba atómica y permaneció en muy buenas
relaciones con los militares.
Dirigió la investigación sobre los
métodos de producción de plutonio y, en última instancia, aprobó el uso de la
bomba atómica lanzada sobre el Japón. Después de la guerra volvió a la
Universidad de Washington para ocupar el puesto de rector.
lunes, 13 de julio de 2015
JAMES ALFRED VAN ALLEN
Van Allen se graduó en la Universidad
de Wesleyan, en Iowa (en su ciudad natal), en 1935. Durante el segundo curso de
sus estudios allí, estaba ya realizando medidas sobre la intensidad de los
rayos cósmicos. Después de su graduación estudió en la Universidad Estatal de
Iowa, donde obtuvo su doctorado en 1939. Desde 1951 fue el jefe del
departamento de física de dicha Universidad.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Van
Allen desarrolló el dispositivo de proximidad. Esto era un invento que se podía
aplicar a un arma explosiva, por ejemplo a la cubierta externa de un proyectil
antiaéreo. Emite ondas que son reflejadas por el blanco. Cuando se acerca hacia
el blanco, a una cierta distancia las ondas reflejadas son lo suficientemente
intensas para iniciar la detonación del explosivo contenido en el proyectil. En
efecto, esto significaba que los impactos directos no eran del todo necesarios
y la eficacia de los fuegos antiaéreos se multiplicó. Incluso más importante
que su utilidad en época de guerra, fue la práctica que adquirió Van Allen en
reducir al mínimo tamaño los aparatos electrónicos, puesto que una de las
grandes metas en estos equipos electrónicos era que debían incluirse en un
espacio muy pequeño para que el dispositivo fuera eficiente.
Las miniaturizaciones se necesitaron
incluso más intensamente después de la guerra, puesto que en Alemania al
principio de los años cuarenta se habían hecho avances cruciales en la
industria del armamento. Los cohetes que habían fascinado a Goddard durante las
décadas que precedieron a la Primera Guerra Mundial fascinaron también a otros
muchos. Se desarrolló en Alemania el grupo de hombres expertos en cohetes que
más éxito tuvo, y entre ellos un importante miembro era Wernher von Braun.
Durante la guerra, la Segunda, este hombre desarrolló los cohetes V-2 para los
ejércitos de Hitler.
Después de la guerra, las reservas de
V-2 que no se habían utilizado cayeron en manos de los americanos y bajo la
dirección de Van Allen se usaron para la investigación. Sustituyeron su carga
mortífera por instrumentos destinados a mediciones en la alta atmósfera entre
ellos unos destinados a examinar la intensidad de los rayos cósmicos, y los
resultados se teleenviaban (es decir, transformados en cambios apropiados y
codificados de las señales de radio) a la Tierra desde cientos de kilómetros de
distancia e incluso más, que era la altura que alcanzaban los V-2. Aquí la
experiencia de miniaturización de Van Allen sirvió de mucho, puesto que era
necesario incluir la mayor cantidad posible de aparatos de medida en un espacio
tan limitado como la carga útil del cohete y que pudiera elevarse a las
regiones más alejadas de la atmósfera.
Los V-2 consiguieron unos resultados
sorprendentemente buenos (no se era del todo consciente del nivel que habían
alcanzado los alemanes), pero fueron solo los primeros misiles, que pronto se
vieron sustituidos por el modelo T. Los Estados Unidos empezaron a diseñar y
construir misiles mejores y más nuevos, que se incluyeron en los programas de
investigación de los fenómenos de la alta atmósfera. Al principio de los años
cincuenta Van Allen empezó a utilizar unos aparatos que eran combinaciones de
globos y cohetes (rockoons). Se elevaba un cohete mediante un globo hasta la
estratosfera y desde allí era disparado obedeciendo una señal enviada desde
Tierra. Como la mayor parte de la atmósfera quedaba detrás de él, la
resistencia del aire se eliminaba y por tanto un pequeño cohete podía alcanzar
alturas que solo se podrían alcanzar, si se lanzara directamente desde Tierra,
con cohetes muy grandes y pesados.
Mientras tanto, Van Allen y sus amigos
empezaron a hablar de algo nuevo. Una carga lanzada al espacio por medio de un
cohete podría llegar a adquirir la velocidad suficiente y la dirección adecuada
de vuelo para que pudiera situarse en una órbita alrededor de la Tierra, donde
pudiera permanecer durante periodos extensos de tiempo. Sería, en efecto, un
satélite artificial, construido y puesto en órbita por el hombre. Lentamente,
los oficiales del gobierno, empezaron a estar de acuerdo en la importancia
científica, (estratégica y política), de una empresa de este tipo. En 1955 el
Presidente Dwight D. Eisenhower anunció oficialmente que en el espacio de dos
años se lanzaría un satélite artificial de aquel tipo.
Este proyecto estaría en conjunción con
el Año Geofísico Internacional, AGI, que duraría desde el 1 de julio de 1957 al
31 de diciembre de 1958, durante uno de los periodos de alta actividad de las
manchas solares, que gracias a Schwabe empezó a ocupar el interés y
preocupación de los científicos desde un siglo antes. Esto sería un programa de
investigación concebido a escala internacional, un verdadero esfuerzo global en
el cual iban a explorarse no solo el propio globo terrestre (incluyendo sus
glaciares, sus regiones polares y su atmósfera), sino también el espacio
exterior vecino.
Todo ello resultó ser un asunto con
enorme éxito, en cierto aspecto incluso demasiado, teniendo en cuenta la
tranquilidad de la mente de los americanos. La Unión Soviética tomó parte de
manera importante en el AGI y anunció que también pondría satélites en órbita. El
gobierno americano, el público e incluso los científicos prestaron, sin
embargo, poca atención a esto. Poco se sabía de los esfuerzos científicos de
los soviéticos y específicamente sobre la investigación relacionada con los
cohetes, creyéndose en una especie de subdesarrollo científico soviético en
muchas áreas. Por lo tanto, el anuncio supuso un choque dentro de todos los
estratos de la sociedad americana, acrecentado y desbordado cuando los
soviéticos cumplieron su palabra y se envió el primer satélite artificial,
Sputnik I (Sputnik es la palabra rusa para decir satélite), el 4 de octubre de
1957. Los soviéticos lo habían programado para la fecha del centenario del
nacimiento de Tsiolkovsky y solo se retrasaron en un mes. Lanzaron el Sputnik
II, el segundo satélite artificial que llevaba un perro, un mes después.
A pesar de que los Estados Unidos
vivieron un periodo poco edificante de pánico, el hecho resultó ser
beneficioso. Es dudoso, que sin este espoleo por parte de los soviéticos, que
el público o el Congreso hubieran querido apoyar los gastos relacionados con la
exploración del espacio, ante este adelanto se incluyo la exploración espacial
como una parte más de la innoble “Guerra Fría” con la Unión Soviética.
Cuando llegaron las noticias del
satélite soviético, Van Allen estaba en un barco en el sur del Pacífico camino
de la Antártida. Se volvió inmediatamente a los Estados Unidos para participar
en los esfuerzos americanos de activar la producción de sus propios satélites.
El programa Vanguard americano, destinado a enviar satélites, anunciado por
Eisenhower, resultó ser un fracaso muy caro en su mayor parte (aunque con
ciertos éxitos). Sin embargo, el ejercito, utilizando a Von Braun (que acabó en
los Estados Unidos tras la finalización de la Guerra), envió finalmente el
Explorer I, primer satélite americano, el 31 de enero de 1958. Su carga era
mucho menor que la de los Sputniks, pero estaba construido según la técnica de
miniaturización de Van Allen, que consiguió llenarlo con una cantidad
sorprendente de complicadísima instrumentación.
La Era del Espacio, abierta con el
Sputnik I, traería la promesa de avances tecnológicos de magnitudes sorprendentes
como en los satélites destinados a las comunicaciones de Pierce. También
traerían nuevas informaciones sobre la propia Tierra, como demostraría O`Keefe.
También parecía existir la promesa de que se perfeccionarían los métodos de
predicción del tiempo mediante las observaciones y posterior análisis de la
capa nubosa y de los movimientos atmosféricos totales en todo el planeta,
vistos desde el espacio. Incluso se empezó a conseguir información de otros
mundos, como el mapa de la otra cara de la Luna obtenido en octubre de 1959 por
los soviéticos y en diciembre de 1962 los americanos consiguieron algo similar
con Venus.
Sin embargo, la pieza de información
más sorprendente obtenida por medio de los satélites llegó gracias a aquellos
primeros Explorer de 1958 y al trabajo de Van Allen.
Del interés de Van Allen por los rayos
cósmicos dio certeza el hecho de que el Explorer I llevara instrumentos
destinados a comprobar la cuantía de la
radiación cósmica (y de otras partículas muy energéticas) del espacio vecino.
Los contadores detectaron un nivel sorprendentemente alto y después dejaron de
funcionar. Lo mismo ocurrió con un contador más capaz enviado en el Explorer
III, que se lanzó en marzo de 1958.
Los trabajos previos de Van Allen le
llevaron a sospechar que los contadores habían dejado de funcionar no porque la
cantidad de partículas hubiera llegado a cero, sino todo lo contrario, porque
hubiera llegado a un valor demasiado alto para que el contador pudiera soportarlo.
Diseñó un contador con una capa de plomo que aceptaría únicamente una pequeña
cantidad fracción de las partículas que en él incidieran. Un contador de este
tipo se incluyo en el Explorer IV, el 26 de julio de 1958, y los resultados
fueron concluyentes. En el espacio vecino existía una cantidad de radiación de
alta energía mucho mayor de lo que se creía y se esperaba incluso para los más
soñadores.
Las regiones de radiación de alta
energía circundan la Tierra en las proximidades del Ecuador, curvándose en las
regiones polares, que a su vez no poseen gran cantidad de dichas radiaciones.
Estos cinturones de radiación reciben popularmente el nombre de Cinturones de
Radiación de Van Allen, aunque al principio de los años sesenta se aceptó el
término de magnetosfera como nombre formal.
A partir de la forma de la magnetosfera
parecía probable que las partículas que la integraban fueran atrapadas por el
campo magnético terrestre, girando en espiral alrededor de las líneas de fuerza
magnéticas de polo a polo (líneas magnéticas que Elsasser atribuía a fenómenos
del interior de la Tierra). Este fenómeno se comprobó en agosto de 1958
haciendo explotar una bomba atómica a varios cientos de kilómetros por encima
de la superficie terrestre en un experimento llamado Proyecto Aarhus. La
distribución de las partículas cargadas producidas por la bomba demostró
concluyentemente que el campo magnético era un factor determinante en la
formación de la magnetosfera, lo que evidentemente dio este nombre a los
cinturones de radiación. También tuvieron éxito otras pruebas de gran altitud
llevadas a cabo primeramente por Van Allen para observar los cambios en la
magnetosfera, dichas pruebas, así como lo que se pretendía con ellas fue
notablemente deplorado por la comunidad científica.
La magnetosfera e incluso más el
aumento repentino de la intensidad de la radiación de manera impredecible
producido por los fenómenos solares, planteaban un serio problema en relación a
la exploración humana del espacio. El vuelo de Yuri Gagarin y los que le
siguieron demostró una seguridad razonable en las proximidades de la Tierra.
Todos estos estudios ayudaron a una mayor seguridad con relación a las
radiaciones en los posteriores programas de estudio y exploración del espacio
más alejado de la tierra.
Conseguir llevar al hombre a la Luna y
volver a traerlo fue uno de los mayores hitos de la historia de la humanidad,
aunque visto con los niveles de seguridad que se consideran hoy en día como
normales, dicha exploración no hubiera podido llevarse a cabo.
lunes, 6 de julio de 2015
JEAN BAPTISTE PERRIN
Nobel Física-1926
Perrin obtuvo su doctorado en 1897 en
la Ècole Normale Supérieure de París. Fue nombrado profesor de fisicoquímica en
la Universidad de París en 1910, donde se quedó durante treinta años.
Durante la década de 1890 a 1900 se
sintió atraído por el estudio de los rayos catódicos, que Crookes había
demostrado que tenían carga eléctrica. A pesar de todo, siguieron siendo motivo
de controversia a causa del problema de si eran partículas (como parecía que
tenían que ser si estaban cargados) o si las observaciones de Crookes eran
erróneas y dichos rayos eran realmente una forma de ondas de radiación. Perrin
fijó la cuestión de una vez para siempre en 1895, demostró que la radiación
puede comunicar y producir una gran carga negativa en un cilindro sobre el que
están incidiendo. Los rayos catódicos tenían, por tanto, que consistir en
material cargado negativamente y, de este modo, ser partículas en lugar de
ondas. Casi inmediatamente después, J. J. Thomson fue capaz de determinar la
masa de dichas partículas y de demostrar que eran mucho más pequeñas que los
átomos.
La otra obra maestra de Perrin estaba
también relacionada con las partículas, pero menos directamente. En 1905
Einstein había desarrollado las ecuaciones que gobernaban los movimientos
brownianos para llegar a la conclusión de que era el resultado del bombardeo
contra pequeñas partículas en suspensión llevado a cabo por las moléculas del
agua que las rodeaban. La manera por la cual la partícula se mantenía en suspensión
en contra de la fuerza de la gravedad era, teniendo en cuenta la ecuaciones,
dependiente, en parte, del tamaño de la moléculas de agua. En 1908 Perrin
comenzó la tarea de determinar el tamaño mediante la observación.
Con el microscopio, contó el número de
pequeñas partículas de resina suspendidas a diferentes alturas en una gota de
agua. Encontró la manera por la cual se ajustaban perfectamente a las
ecuaciones de Einstein y, por primera vez, el tamaño aproximado de átomos y
moléculas pudo ser calculado por medio de la observación real. Por fin, las
diminutas entidades, cuya existencia había sido aceptada casi por fe durante un
siglo después de que Dalton promulgara la teoría atómica, alcanzaron una
existencia real y patente. Incluso un oponente acérrimo de la teoría atómica
como Ostwald tuvo que admitir que los átomos eran objetos reales y no solamente
elementos de ficción convenientes para ciertas explicaciones.
Perrin obtuvo el premio Nobel de física
en el año 1926.
En 1941, después de la desastrosa
derrota de Francia por la Alemania nazi, Perrin (que había sido un activo
antifascista) se marchó a Estados Unidos. Allí usó de su influencia para apoyar
el movimiento gaullista, que mantuvo una resistencia francesa continuada fuera
del país. Perrin, que tenía más de setenta años de edad por aquel entonces, no
vivió lo suficiente para ver liberado su país.
miércoles, 1 de julio de 2015
CHARLES AUGUSTIN COULOMB
Coulomb fue ingeniero militar en su
juventud, sirviendo como tal en las Indias Occidentales durante una temporada,
pero progresivamente su interés por la experimentación habría de ir creciendo.
Cuando empezó la Revolución Francesa supo combinar la discreción con su
partidismo y se retiró al pueblo de Blois para trabajar en paz, pasando así por
el terror con habilidad.
Por aquellos tiempos ya había alcanzado
renombre pues en 1777 inventó una balanza de torsión que medía la fuerza que se
ejercía por el retorcimiento que se producía sobre una fibra fina y rígida a la
vez. El peso es una medida de la fuerza de la gravedad sobre un cuerpo, por lo
que la balanza de torsión se podía utilizar para pesar. Michell había inventado
un instrumento similar con anterioridad, pero el descubrimiento de Coulomb fue
de manera completamente independiente.
Coulomb puso la precisión de su
instrumento al servicio de experimentos con electricidad. Colocó una pequeña
esfera cargada eléctricamente a diferentes distancias de otra esfera también
cargada y midió la fuerza de atracción o repulsión (dependiendo del signo de la
carga de las esferas utilizadas) por la torsión que se observaba en la balanza.
De este modo, pudo demostrar en 1785 que la fuerza de atracción o repulsión
eléctrica era directamente proporcional al producto de las cargas de cada
esfera e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que separaba sus
centros. (Priestley llegó a esta misma conclusión algunos años antes pero de
manera indirecta). Esto significaba que las fuerzas de atracción eléctrica
respondían a leyes similares a las de la atracción gravitatoria que descubriera
Newton. Esto se llamó Ley de Coulomb y también en su honor se llama culombio a una unidad de carga eléctrica
determinada y aceptada.
Cavendish descubrió la Ley de Coulomb
antes que él pero nunca publicó sus resultados, estos se descubrieron medio
siglo después de su muerte.
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