lunes, 15 de junio de 2015

EDUARD BUCHNER


Nobel Química-1907




         Eduard Buchner tuvo mucha suerte con que su hermano Hans le llevase diez años. Fue éste el que le inculcó el interés por la química y el que le guió en las primeras etapas de su educación. Eduard estudió química, tuvo de profesores entre otros a Baeyer y Nägeli, obtuvo su doctorado en 1888 y continuó en la universidad como ayudante de Baeyer hasta 1893, que le hicieron profesor de química en la Universidad de Kiel.
         Por su hermano, que era bacteriólogo, se interesó en el problema de la fermentación, que era el proceso biológico más antiguo y a la vez, el más moderno. Se remontaba a la prehistoria, prácticamente, en lo relacionado a la fermentación del jugo de la uva para la formación del vino, y a la fermentación de la levadura para hacer el pan. Por otra parte, no fue hasta la época de Payen y Schwann un poco más de medio siglo antes, cuando los químicos pudieron conseguir muestras de fermentación, sustancias químicas que realizaban las transformaciones de la materia orgánica.
         Había una duda acerca del papel que desempeñaba la vida en la fermentación y viceversa.
         Los vitalistas habían creído siempre que la vida obedecía a una serie de leyes peculiares y que las generalizaciones que se deducían, en el laboratorio, del estudio de los objetos inanimados no tenían que aplicarse a los organismos vivos. Esta posición sufrió un duro golpe cuando se sintetizó materia orgánica a partir de la inorgánica, efectuada por Wöhler en 1828, y por la síntesis de compuestos orgánicos que no se encuentran en la naturaleza, realizada por Perkin y los que le siguieron.
         Los vitalistas se replegaron a la fermentación. Mientras que para preparar sustancias orgánicas en el laboratorio se necesitaban métodos muy energéticos (temperaturas altas, disolventes muy activos, etc.), el tejido vivo solo los empleaba muy suaves (temperatura del cuerpo, una solución acuosa ni ácida ni alcalina, etc.). Parecía que esta diferencia provenía en que los tejidos vivos utilizaban como catalizadores a los fermentos.
         Es cierto que Schwann y otros habían aislado fermentos y probado que podían reaccionar en los tubos de ensayo como productos químicos ordinarios. Los vitalistas argüían a esto que ésos eran fermentos implicados en el proceso de la digestión, que tenía lugar en el tubo digestivo y no en el interior de las células. Y en cuanto a los procesos químicos que tenían lugar en el interior de la célula, tal como la conversión del azúcar en alcohol, eran inseparables de la vida, que no podían realizarse con sustancias inanimadas. Kühne sugirió que se le diera el nombre de enzimas a los fermentos del exterior de la célula.
         Buchner se preguntaba si no se podría explicar experimentalmente que la fermentación alcohólica era inseparable de la vida y probar ese punto de vista. Su intención era triturar con arena las células de los fermentos, hasta que no quedase ninguna viva y demostrar que la transformación de azúcar en alcohol se detenía. Sus superiores no vieron con agrado esta clase de experimentos y así se lo notificaron, pero Buchner siguió adelante.
         En 1896 obtuvo jugo de la fermentación sin células vivas y lo filtró. Buscó un método de aislarlo de la contaminación bacteriana. Le añadió una solución concentrada de azúcar (cuando se preparaban conservas de frutas, era la concentración del azúcar la que las mantenía libres de bacterias) y comprobó que en poco tiempo se formaban burbujas de anhídrido carbónico. El jugo con las células muertas hacía fermentar el azúcar y producía anhídrido carbónico y alcohol, exactamente como hubieran hecho las células intactas.
         La fermentación intercelular y la vida no eran inseparables. Buchner había demostrado lo contrario de lo que intentaba y buscaba. La última plaza fuerte de los vitalistas se derrumbaba. Los procesos químicos en el interior de la célula se efectuaban sin fuerza vital, por fermentos que no se diferenciaban, ni actuaban de manera distinta, de los que actuaban en las demás actividades químicas. Por tanto, los fermentos de todas las clases recibieron el nombre de enzimas, dado por Kühne.
         Rubner y otros atacaron la demostración de Buchner, que mantuvo su posición hasta que prevaleció por completo.
         Por estos trabajos, Buchner, fue recompensado con el premio Nobel de química de 1907.
         Buchner murió en las trincheras en la Primera Guerra Mundial. Era comandante del ejército alemán y cayó en un combate en el frente de Rumania. Fue, quizá, el científico más prominente que se malgasto de esta manera, como Moseley lo fue del lado de los aliados. Años más tarde, aprendiendo solo en parte de los errores y atrocidades cometidas, en la Segunda Guerra Mundial, las grandes potencias guardaron con más cuidado a sus científicos, así como un trato muy benigno a los “enemigos” capturados o liberados.


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