miércoles, 18 de diciembre de 2013

WILHELM KONRAD ROENTGEN

Nobel Física-1901

WILHELM KONRAD ROENTGEN

Roentgen se educó en Holanda y Suiza. Estudiaba ingeniería mecánica, pero en Zurich, Suiza, le introdujo en la física Kundt y decidió hacer de ella su profesión. Después de obtener su título en 1869, trabajó como ayudante de Kundt, que aceptó un puesto en Alemania. Roentgen le acompañó y realizó un trabajó muy importante en muchas ramas de la física.

El gran momento de Roentgen fue en el otoño de 1895, cuando era director del departamento de física en la Universidad de Würzburg, en Baviera, y su nombre se inmortalizó. Trabajaba con los rayos catódicos y repetía algunos de los experimentos de Lenard y Crookes. Se interesó particularmente por la fluorescencia que estos rayos originaban en ciertos elementos químicos.


A fin de observar esta débil fluorescencia oscureció la habitación y encerró el tubo de rayos catódicos en un delgado cartón negro. El 5 de noviembre de 1895 puso el tubo de rayos catódicos encerrado, en actividad, y llamó su atención un rayo de luz que no provenía del tubo. Buscó con cuidado y notó que una hoja de papel recubierta de cianuro de platino, que estaba a distancia del tubo, resplandecía. Era una de las sustancias fluorescentes, pero resplandecía también cuando el tubo de rayos catódicos estaba encerrado en el cartón y, por tanto, no podía alcanzarlo la radiación.


Apagó el tubo, la cubierta del papel se oscureció, lo encendió y mostró otra vez fluorescencia. Fue a otra habitación con la cubierta, cerro la puerta y la oscureció. El papel resplandecía cuando el tubo operaba.

Le pareció a Roentgen  que del tubo de rayos catódicos brotaba una especie de radiación muy penetrante, pero invisible. Haciendo experimentos llegó a la conclusión de que la radiación podía atravesar capas de papel gruesas y aun metálicas. Como no tenía idea de la naturaleza de la radiación la llamó rayos X, porque X es generalmente el signo que se emplea en matemáticas para lo desconocido, y aunque ahora se conoce la naturaleza de la radiación, el nombre todavía persiste. Durante algún tiempo hubo tendencia a llamarla rayos Roentgen, pero por dificultad a la hora de la pronunciación por lenguas no teutónicas se prefirió la denominación de rayos X, cuya unidad de dosificación (medida) se conoce con el nombre de roentgen.

Roentgen se dio cuenta de la importancia del descubrimiento y se apresuró a publicarlo antes de que se le anticipasen, y aunque reconocía la naturaleza fantástica del descubrimiento, no se atrevió a publicarlo antes sin acumular datos. (Unos años más tarde alguien le preguntó: <que pensó cuando descubrió los rayos X> y contesto <no pensaba, experimentaba>.) Durante siete semanas hizo experimentos sin cesar y finalmente el 28 de diciembre de 1895 presentó el primer escrito en el cual no solamente anunciaba el descubrimiento, sino que informaba de las propiedades fundamentales de los rayos X.

La primera conferencia pública acerca del nuevo fenómeno la dio Roentgen el 23 de enero de 1896. Cuando terminó de hablar pidió un voluntario y Kolliker, de casi ochenta años, subió al estrado y se le tomo una radiografía de su mano, que mostraba tener muy bien los huesos para su edad. Sucedió un aplauso frenético y el interés en los rayos X se extendió por Europa y América.


Otros físicos confirmaron en seguida los resultados de Roentgen. De hecho, Crookes los había observado realmente antes que Roentgen sin darse cuenta de su importancia.

Estos rayos ofrecían una nueva arma para diagnosis médica, porque penetraban fácilmente en los tejidos blandos del cuerpo, pero los huesos los pasaban con una absorción de estos considerable. Un rayo, al pasar por el tejido hacia una placa fotográfica, arrojaba una sombra blanca de huesos sobre el negro. Objetos metálicos, como balas, imperdibles tragados, etc., resaltaban muy claramente. Las muelas y dientes en mal estado se veían grises en lugar del blanco de un diente normal. Cuatro días, solamente, después de la llegada a América del descubrimiento de Roentgen se utilizaron los rayos X para localizar una bala en la pierna de un paciente. (Hicieron falta unos años trágicos para descubrir que eran peligrosos y que podían originar el cáncer, sobre todo en la forma de leucemia.)

Aparte de sus aplicaciones claras, el descubrimiento de Roentgen galvanizó el mundo de los físicos, que se lanzaron a otros descubrimientos y derrocaron completamente los conceptos anticuados de la ciencia, tanto que el descubrimiento de los rayos X se considera muchas veces como el primer golpe de la segunda revolución científica. (La primera revolución científica es la que incluía a Galileo con sus experimentos sobre la caída de los cuerpos.)



En cuestión de meses las investigaciones sobre rayos X condujeron al descubrimiento de la radioactividad por Becquerel. Los físicos en la actualidad llaman a los del siglo diecinueve (con un ligero aire de condescendencia), físicos clásicos.

La importancia del descubrimiento se reconoció inmediatamente. En 1896 Roentgen compartió la medalla Rumford con Lenard y en 1901, cuando se establecieron los Premios Nobel, el primero que tuvo el honor de recibir el de física fue Roentgen.

Tuvo oportunidad de ennoblecerse y añadir “von” a su nombre, cosa que le ofrecía el rey de Baviera, pero rehusó. No hizo ningún intento de patentar los rayos X o conseguir alguna ganancia financiera con su descubrimiento, que probó ser de una importancia inconmensurable para la ciencia, medicina e industria, hecho sobre el cual Edison comentaba con cierto humor tolerante.

No era porque no hubiera tenido en dónde gastar el dinero, la segunda consecuencia de la Primera Guerra Mundial fue la inflación que empobreció a muchos alemanes, incluyendo a Roentgen. Murió en lo peor de esta inflación y en condiciones bastante precarias.

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